Blog · Conducta canina
Mi perro llora cuando me voy: qué está pasando de verdad
Llanto, ladridos y destrozos cuando te vas de casa. Cómo distinguir el aburrimiento de la ansiedad por separación y por dónde empezar a trabajarlo.
Es una de las situaciones que más angustia genera en casa: sales por la puerta y, antes de llegar al ascensor, oyes a tu perro llorar. A veces te lo cuenta el vecino. A veces lo descubres al volver, con la puerta arañada.
Lo primero es distinguir dos cuadros que se parecen mucho vistos desde el destrozo, pero que se tratan de forma distinta.
Aburrimiento o ansiedad
Un perro aburrido muerde cosas repartidas por toda la casa, duerme buena parte del tiempo y no muestra angustia. Empieza normalmente al cabo de un rato, cuando ya no tiene nada que hacer.
Un perro con problema de separación empieza en los primeros minutos, se concentra en las vías de salida (puerta, marco, ventana, persiana), jadea, saliva, vocaliza de forma monótona y a veces hace sus necesidades dentro pese a estar perfectamente educado en la calle.
La forma de salir de dudas es una sola: grabarlo. Deja el móvil apoyado apuntando a la zona de la puerta y sal media hora. Al volver, mira el vídeo con el reloj delante y apunta en qué minuto aparece la primera señal. Ese número es el punto de partida de todo el trabajo.
Por qué reñirle al volver empeora las cosas
La cara de culpa que ves al abrir la puerta no es culpa: es una respuesta a tu lenguaje corporal en ese momento. Tu perro no está reconstruyendo lo que hizo hace seis horas, está leyendo tu tensión ahora mismo.
Si le riñes, la información que recibe es que tu regreso a veces trae cosas desagradables. Acabas de convertir el único momento del día que le daba alivio en otra fuente de tensión, y el cuadro se agrava.
Tres cosas que puedes hacer esta semana
Uno: desactivar las señales de salida. Coge las llaves, hazlas sonar y déjalas otra vez en la mesa. Ponte el abrigo y quítatelo diez minutos después. Cinco repeticiones sueltas al día. Tu perro lleva quince minutos leyendo esas señales antes de que tú llegues a la puerta, y por eso la ausencia empieza ya con el nivel alto.
Dos: cambiar las despedidas y los reencuentros. Sal sin ceremonia. Al volver, entra, deja las cosas, y saluda cuando haya bajado un poco. Sigue recibiendo el mismo cariño, pero deja de recibirlo como recompensa por haber estado en tensión.
Tres: trabajar en dosis pequeñas. Quedarse solo no se aprende quedándose solo. Se aprende con una progresión que empieza en treinta segundos y sube cuando el paso actual sale tranquilo tres veces seguidas. Dejarlo cuatro horas para que «se acostumbre» es lo contrario de lo que funciona: cada episodio de pánico consolida la asociación.
Cuándo hay que pedir ayuda
Si tu perro se hace daño intentando salir, si el pánico es inmediato e intenso, o si después de tres semanas de trabajo bien hecho no hay ninguna mejora medible, toca valoración presencial de un veterinario o de un especialista en comportamiento. Hay casos en los que el nivel de activación impide cualquier aprendizaje, y ahí el trabajo de conducta solo funciona con apoyo profesional.
Siguiente paso
Averigua qué patrón tiene tu perro
Siete preguntas, dos minutos y sin dejar el correo. Al final sabrás cuál de los cuatro patrones explica mejor su conducta y por dónde conviene empezar en su caso.
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